Anonymous anuncia que tiene 1GB de material procedente de la OTAN

Después de que la OTAN instase a perseguir a Anonymous, el colectivo no se ha quedado de brazos cruzados y ha seguido con sus acciones, por ejemplo, entrando en un contratista del FBI. Hará aproximadamente un mes, el servicio de publicaciones de la OTAN sufrió un ataque que no trascendió demasiado hasta que ayer, a través de Twitter, el colectivo ha lanzado un mensaje que puede provocar algún que otro dolor de cabeza en la sede de la Alianza Atlántica: poseen un 1GB de documentos que, al ser muchos de ellos sensibles, por ahora, no los publicarán porque sería irresponsable.

Enmarcada dentro de la Operación #AntiSec contra las organizaciones que no respetan “la libertad y el progreso”, este ataque demostaría la vulnerabilidad de los sistemas de organización militar, según comentan en otro tweet, gracias a una simple inyección de código.

Para dar fe del botín sustraído, el colectivo ha publicado un par de documentos PDF que llevan el membrete de la OTAN: un documento sobre las actividades en Kosovo que estaba marcado como clasificado y otro sobre los procedimientos de seguridad (que no está marcado como material clasificado y del que se burlan indicando que si alguien lo hubiese leído, posiblemente, ellos no lo tendrían en su poder).

La operación AntiSec ya cuenta entre sus “ilustres víctimas” a Apple, el contratista de Defensa de Estados Unidos Booz Allen Hamilton (en la que se hicieron con más de 24.000 direcciones de correo electrónico vinculadas al ejército y el Departamento de Defensa), la FEMA de Estados Unidos o IRC Federal.

De todo esto lo que está pasando queda claro que los sistemas de seguridad de las grandes compañías y las entidades gubernamentales necesitan una profunda revisión y, sobre todo, unos serios procedimientos y auditorías técnicas que localicen vulnerabilidades y las corrijan. Empieza a ser preocupante cómo con una inyección de código están cayendo organizaciones en las que, colarse, parecía algo más cercano al cine que a la realidad.

Vía: Bitelia

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