La mujer que respiró una carta a sus hijos


Tiene 51 años y está en un hospital israelí después de que un accidente vascular la dejara literalmente encerrada en su cerebro, lo que se conoce como síndrome del cautiverio. La mujer, a la que los investigadores identifican como LI1 (para resguardar su identidad), no puede hablar ni moverse en absoluto, pero después de meses de silencio ha conseguido escribirle una carta a sus hijos gracias a un dispositivo desarrollado por un equipo del Instituto Weizmann de Ciencias. El mecanismo, que se ha mostrado eficaz en otros casos, aprovecha la única vía que la paciente puede controlar: la respiración a través de la nariz.

El dispositivo funciona detectando los pequeños cambios de presión que se producen cuando una persona regula la respiración y mueve la campanilla. “Los seres humanos”, dicen los autores del estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences, “podemos modular nuestras inhalaciones rápidamente... y las inhalaciones pueden ser utilizadas para producir señales binarias y direccionales de manera bastante precisa”.

La paciente LI1, según explica Ed Yong en su blog, estaba tan afectada por la parálisis que le llevó 19 días producir una inhalación a voluntad. Después de duras sesiones de práctica, la mujer consiguió hacerse con el control del software conectado al detector de inhalaciones y escribió una carta “conmovedora” e “inesperada” a sus hijos cuyo contenido los investigadores han preferido mantener en secreto.

Cánula nasal del dispositivo

El sistema es relativamente sencillo una vez que le toman práctica. El aparato detecta la duración, fuerza y hasta la dirección de las inhalaciones. Se necesitan tres inhalaciones para escribir una letra, los necesarios para seleccionar el bloque y la columna en que se encuentra (ver vídeo). LI1, por ejemplo es bastante rápida y se las apaña para escribir tres letras por minuto, con un error cada seis caracteres.


Como si en una película se tratara, los investigadores fueron probando el sistema con otros pacientes y consiguiendo que se comunicaran. Una mujer que llevaba 18 años paralizada tras un accidente vial consiguió escribir su nombre al poco de probar el sistema, otra mujer que apenas podía hablar y llevaba diez años postrada pudo usarlo incluso para escribir emails y un hombre de 30 años paralizado de cuello para abajo, pudo usarlo para manejar una silla de ruedas y avanzar unos 30 metros.

Aunque el sistema no ha funcionado en todos los casos, los investigadores calculan que servirá para dos tercios de los pacientes y puede ser una vía para aquellos que no pueden comunicarse con otros dispositivos como los que detectan el parpaedo o el movimiento de los ojos. Como curiosidad, cuenta Ed Yong, los investigadores llegaron hasta esta tecnología casi por accidente, mientras investigaban la manera en que el olfato funciona en el cerebro y probaban un cacharro llamado “olfatómetro”. Un ejemplo de los maravillosos resultados prácticos a los que puede conducir una investigación.

Vía: Foro Cualquiera

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